Yanina Benítez Ocampo
¿Es necesaria el agua para la vida? La respuesta es obvia, pero la Legislatura de Mendoza insiste en poner en discusión “la utilidad hídrica de los glaciares”.
Desde fines de noviembre, asambleas de vecinos y ambientalistas de Mendoza están en alerta: la Cámara de Diputados provincial aprobó la Declaración de Impacto Ambiental que habilita la exploración minera del Proyecto San Jorge en Uspallata, entre otros. Horas antes, científicos del CONICET emitieron un comunicado lapidario contra el proyecto, que curiosamente fue dado de baja de la web oficial casi de inmediato. Bajo la vieja excusa del progreso, pese al rechazo rotundo de los habitantes, diputados de todas las orientaciones políticas dieron el visto bueno a la megaminería. Cuando se trata de defender los intereses empresariales, las enemistades políticas se funden en un abrazo. No es ahora el caso de profundizar sobre la izquierda partidaria, que años atrás veía como zonceras los problemas ambientales y hoy los observa como meros bienes mercantiles, eso sí, a defender, pero solo en las grandes ciudades y en las manifestaciones más concurridas.
Lo aprobado es un retroceso ambiental que pone en riesgo el agua de la zona, la salud y las condiciones de vida de la población. Por ejemplo, el Proyecto San Jorge consumiría 141 litros de agua por segundo, es decir, el equivalente a 1692 tanques de agua de un hogar por hora, sin mencionar los gravísimos daños en términos de contaminación. A su vez, las regalías mineras son ínfimas y el Estado debería hacerse cargo de los daños ocasionados al ambiente, mientras que los puestos nuevos de trabajo serán pocos y temporales. Lo que sí será irreversible es el daño en los glaciares, cuencas y reservas hídricas.
En estos días, Milei envió a reformar la Ley de Glaciares para que cada provincia defina su propio ambiente glaciar y periglaciar. Pero estos intentos por dar vía libre a los emprendimientos mineros no constituyen una novedad, desde 2006 los pobladores de diferentes ciudades y pueblos de Mendoza se manifiestan en forma pacífica y lo seguirán haciendo, como lo han hecho activamente en estos últimos días, a pesar de ser reprimidos y detenidos, porque han apostado por el agua y por la vida, según sus propias palabras: “el camino por recorrer es largo, pero lo haremos con esperanza” (Mujeres Autoconvocadas de Alvear).