Un plan antihumano

 



Facundo Esteban

Todos los opresores ofrecen una idea (distorsionada ) del mundo: precisar un relato permite crear una máscara de orden, de unidad y conveniencia de sus intereses. El gobierno de Donald Trump ha emitido un documento (la nueva Estrategia de Seguridad Nacional) que enuncia sus prioridades geopolíticas. Lejos de una idea de orden u objetivos, el texto plantea con crudeza la aguda e imparable crisis en la que se encuentra EEUU. 

Hacer de Estados Unidos un país “más seguro, más rico, más libre, más grande y más poderoso que nunca” tiene como primera tarea la persecución de los inmigrantes, percibidos como seres portadores de terrorismo, drogas, espionaje y trata de personas. Cualquier extranjero (país o persona) es un enemigo directo. 

La rehabilitación de la doctrina Monroe* planea rediseñar Latinoamérica como el “patio trasero”, con países dominados y líderes adeptos dispuestos a colaborar para detener la inmigración, evitar la injerencia de otras potencias (China) y beneficiar a las empresas norteamericanas. Para los díscolos, ningún límite al garrote, ya sea militar, diplomático o comercial. A Europa, socia minoritaria e indispensable desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, le augura el fin de su “civilización”, dando lugar a teorías racistas de supuesto “reemplazo poblacional”. En este caso, se propone apoyar cualquier alternativa autoritaria, nacionalista y/o neonazi disponible en el viejo continente. 

A pesar de tener el mayor presupuesto y la más avanzada tecnología militar, la capacidad de control del mundo es cada vez menor. Antes que un replanteo del belicismo que es parte de su ADN, la incapacidad para obtener victorias en el plano militar (trágicamente evidenciada en Afganistán e Irak) y la reducción de su influencia sobre sus aliados (como Israel en su campaña de exterminio), orientan sus objetivos hacia una nueva zona en la que se presume mayor facilidad de victorias: el continente americano. Mientras tanto, se exige a los ¿aliados? de la OTAN un mayor gasto militar, a concretar con compras de armas en el siempre floreciente mercado norteamericano, mientras una intervención militar de dicha organización parece cada vez más inverosímil. 

Luego de la “guerra al terrorismo” que se utilizó a partir de los atentados del 11 de septiembre de 2001 para justificar el belicismo de la gran potencia, la guerra al “narcoterrorismo” se ha transformado en el leitmotiv del gobierno de Trump. 

La necesidad de ligar voluntades, de manera cada vez más débil e incoherente, entre el belicismo de los poderosos y el drama del consumo de drogas explicita una distancia cada vez más profunda con los deseos y necesidades de la mayoría. El brutal torpedeo de una lancha a cientos de kilómetros de distancia implica más violencia y muerte. Por otro lado, poco significa para las miles de víctimas norteamericanas consecuencia no sólo de un sistema de salud excluyente, sino también de un mercado de opiáceos fomentado, en primer lugar, por la rapiña de las compañías farmacéuticas, blanqueado a través de opacos y millonarios mercados financieros y fortalecido con miles de armas legales que se venden cada día en los EEUU. 

Un párrafo especial merece el interés en negar cualquier intento de control o limitación a las redes sociales y las nuevas tecnologías de inteligencia artificial, conscientes de su importancia en el envenenamiento de las conciencias, en el ascenso de discursos disgregadores y alternativas autoritarias. Para los EEUU se trata de una cuestión estratégica de primer orden, considerando su temporal liderazgo tecnológico y las implicaciones que son económicas y financieras, pero también militares y de control social. 

Evitar la avanzada de una burguesía decadente, militarista y sin objetivos a largo plazo, provocadora de nuevos conflictos y dramas a las sociedades del continente, puede partir de oponerse a las guerras y el belicismo, de enfrentar a los gobiernos autoritarios y de fomentar la solidaridad en contraposición a la disgregación, el egoísmo y la apatía que nos ofrecen los poderosos.

(*) Ríos, Ignacio. ¿Qué hay de nuevo, viejo?, Comuna Socialista nº107, octubre 2025.