Mariana Camps
Volvamos a lo que está primero. Las mujeres sabemos de qué se trata porque somos el género primero de la humanidad: la vida, el cuidado de las otras y los otros, la educación, la nutrición, el apoyo amoroso y exigente. Todos aspectos que requieren de los recursos más profundos, íntimos y complejos de nuestro ser humanos. Totalmente diversos de la brutalidad banal, mecánica y superficial que requieren la guerra y la violencia a la que los poderosos de la tierra están sometiendo a las poblaciones.
Muchas veces, olvidamos que somos protagonistas de estos recursos fundamentales a causa de la agresividad antifemenina del contexto: el gobierno de Milei busca desmantelar todos los derechos conseguidos por las mujeres mediante luchas importantísimas que se llevaron adelante con la potencia de la solidaridad y la hermandad. Al mismo tiempo, recobran impulso discursos misóginos que le abren la puerta a la violencia machista y femicida. También obstaculizan gravemente la conciencia femenina los discursos que niegan las características de nuestro género. Los negacionismos queer y el llamado transfeminismo atacan las posibilidades de las mujeres –que son el género refractario a las guerras– de reconocer y hacer valer la propia fuerza gentil y combativa. Esa fuerza es una de las principales riquezas que tiene la humanidad para enfrentar al patriarcado y a las derivas belicistas de esta época histórica.
Lo que está primero no es lo más elemental. Es lo más fundamental, lo más importante para todas y para todos. La libertad de las mujeres para hacer valer su propia idea de la vida y para elegirla puede irradiar la libertad de mejorar la vida de todos. La dignidad, que implica reconocimiento de las cualidades femeninas, superando los mitos patriarcales, es una condición para dignificar a cualquier persona. El respeto sin restricciones por la vida de las mujeres y sus elecciones abre caminos de mejoramiento en común.
Hagamos de estos aspectos un motivo de unión y reflexión. Salgamos del aturdimiento que producen los ataques a nuestro género y alcemos la voz también este 8 de marzo junto a las compañeras de Comuna Socialista y el Círculo de Amigas Feministas. Nos movilizaremos en un sector con mujeres abolicionistas para exigir libertad, dignidad y respeto. Depende de nosotras. Más que nunca.