La calidez humana contra el frío cálculo de las máquinas

 



Tomás Moresco

En su acelerada furia belicista, los Estados están ideando métodos aún más perversos y sistemáticos para vigilar y someter a las personas y EEUU no es la excepción, más bien, la vanguardia. El ICE, la principal institución con que el gobierno de Trump persigue, detiene, encarcela y deporta a miles de inmigrantes, emplea desde hace meses inteligencia artificial y almacenamiento en la nube para analizar videos, imágenes y audios recolectados de forma masiva. Dichas herramientas, respaldadas por un presupuesto estatal que bate récords históricos, se agregan al arsenal de tecnologías de vigilancia que la agencia viene usando crecientemente desde que desatara su violenta campaña de arrestos y deportaciones en todo el territorio estadounidense: drones, sistemas de reconocimiento facial, geolocalización de celulares, e incluso spyware y otras armas cibernéticas para hackear dispositivos y robar toda clase de información. A través del servicio provisto por Azure (parte de Microsoft Corporation), el ICE se propone recrudecer la persecución de sus objetivos procesando masas descomunales de contenido audiovisual, extrayendo y analizando datos de forma automatizada, detectando ciertas palabras, objetos, rostros o emociones. Pese a varias denuncias internas por parte de los trabajadores, Microsoft niega hipócritamente cualquier involucramiento en la salvaje política antiinmigrantes de Trump. 

Aun sufriendo estos renovados intentos de disciplinamiento por parte de las fuerzas represivas estatales, la tenacidad y el coraje de quienes se manifiestan contra el ICE y su brutalidad no dejan de mostrar cuán vivos están nuestros mejores recursos humanos. En una oleada de solidaridad antifascista, antirracista y antirrepresiva, y con un mayor impulso después del bestial femicidio de Renée Good, los habitantes de Minneapolis (Minnesota) eligen posicionarse en defensa de la vida y de la dignidad al grito de “dejen de desaparecer a nuestros vecinos” y “amamos a nuestros vecinos inmigrantes”, reencendiendo también la memoria del asesinato de George Floyd. En un contexto de deshumanización rampante que acompaña el derrumbe desenfrenado de los poderes opresivos, se trata de un excelente ejemplo de cuánto las personas comunes podemos descubrir, rescatar y activar juntos lo más valioso de nuestra humanidad, los tesoros fantásticos de la conciencia posicionada, de la memoria sentimental, de la subjetividad acogedora, del protagonismo directo en primera persona y en común, siempre denunciando y combatiendo a quienes atentan contra la emersión de nuestra especie.