Un 2026 que amanece ardiente: ¿qué podemos encontrar entre las cenizas?


 


Tomi M.

Impacta el contraste entre el desprecio por la vida por parte de magnates, estancieros y políticos y el empeño incansable que demuestran brigadistas, vecinas/ os y voluntarios arriesgando sus vidas y poniendo a disposición sus recursos para proteger al monte patagónico y a las personas que habitan en él. Son más de 50 mil hectáreas arrasadas por las llamas en Chubut, mientras aparecen nuevos focos en Santa Cruz, Río Negro y Neuquén. Esto se suma a las 170 mil hectáreas que se vienen quemando en La Pampa desde noviembre del año pasado. Los incendios, en casi todas las provincias del país, se están transformando en la nueva normalidad. El cambio climático con su deriva hacia estaciones más cálidas y secas, el reemplazo del bosque nativo por plantaciones forestales y el mal manejo de los recursos hídricos, seguirán profundizando esta tendencia. Resalta el negacionismo e inhumanidad del gobierno de Milei que no ha hecho nada para prevenir una temporada de incendios estivales anunciada por uno de los inviernos más secos en los últimos años. Entre las brasas aún ardientes de miles de coihues y alerces andinos se vislumbra el resultado del tan mentado Progreso, que se ahoga en la humareda de sus propios incendios. Es lo único que los Estados y empresarios tienen para ofrecer como parte del vacuo y mezquino proyecto de incrementar sus arcas. 

Mientras tanto, en los barrios y comunidades andinas la gente se organiza de a montones para tratar de reducir los daños ocasionados. Empezando por las personas que enfrentan las llamas buscando aplacarlas con escasos recursos y en mal estado, pasando por comedores y colectas solidarias que socorren y sostienen a quienes han perdido sus casas, llegando hasta aquellos artistas que ofrecen su música para apoyar a los afectados. 

Ellas y ellos nos sugieren que depende de nosotros/as asumirnos como una especie protectora de la vida en sus múltiples formas. Podemos elegir valorar la fuerza colectiva que se expresa en la solidaridad que brota de tantas personas comunes –un recurso fundamental para orquestar una vida en común más benéfica– aprendiendo a cuidar la naturaleza que nos circunda y constituye y es atacada por los Estados y empresarios voraces. Así, quizás de las cenizas de este incendio podamos encontrar los brotes de esperanza.