Ignacio Ríos
En esta nueva
fase de la relación entre EEUU y los países latinoamericanos que se abrió tras
la captura de Maduro, parece ser que el próximo objetivo de Trump es Cuba, una
histórica cuenta pendiente. A propósito, en este mes de abril se cumplen
sesenta y cinco años de la vergonzosa aventura imperialista de Bahía de
Cochinos, la última vez que EEUU se dispuso a intervenir militarmente en la
isla.
Luego de aquel
fracaso, los gobiernos norteamericanos optaron por la táctica del embargo, reforzada
hoy por Trump. Washington utiliza la energía como arma de guerra: logró cortar el
suministro de barriles de petróleo venezolano gracias a los recientes acuerdos
con Delcy Rodríguez y amenaza con sanciones a México para impedir el arribo de
combustible desde allí. Esto redunda en apagones eléctricos masivos y
sistemáticos, carencia de medicamentos, desaparición del transporte público, precios
estrafalarios de la comida y una inflación que hace que el salario promedio
corresponda al valor de dos maples de huevos. ¿Hasta cuándo podrán funcionar
los hospitales? ¿Y las industrias de conservación de alimentos? Se trata de un
criminal e inhumano castigo colectivo a la población, bien propio de este
revival decadente del imperialismo yanqui.
La situación
crítica, las repetidas protestas y cacerolazos en todo el país y el crecimiento
de la emigración (se calcula que Cuba perdió el 10% de su población en los
últimos cinco años) ponen de manifiesto la impotencia de la dictadura castrista
y su fracaso histórico. La burocracia estalinista del Caribe nunca logró garantizar
condiciones de vida dignas en la cárcel al aire libre que creó. Siempre
dependió de la ayuda externa, en primer lugar, de la URSS y luego, en otra escala,
de la Venezuela chavista. Pero también de los mismos Estados Unidos debido a
las remesas de dinero provenientes de la emigración, el negocio del turismo y
los circuitos de importación de mercaderías.
La actual ola
de descontento se inscribe en la estela del camino abierto por las grandes
protestas de julio de 2021 bajo el lema de “Patria y vida”. Aquellas fueron duramente
reprimidas, pero las actuales manifestaciones, en medio de tanta desesperación,
también deben hacer frente al peligro del factor Trump. Por un lado, su política
de bloqueo ya está causando desastres que se agigantarían con una intervención
directa en el terreno. Por otro lado, no hay que descartar que el inquilino de
la Casa Blanca llegue, en el corto plazo, a algún tipo de acuerdo con el
gobierno cubano o con sectores del mismo, dándole una nueva vida a la dictadura
burocrática. ¿Hasta dónde llegarán unos y otros para seguir mortificando a la
población? Más que nunca es necesario llamar a defender la dignidad y las
condiciones de existencia de las mujeres y los hombres de Cuba, causa que ha sido
traicionada por el castrismo y que peligra mortalmente con Trump.