Editorial: La mirada al futuro que nutre la memoria

 



Comité de Redacción

¿Qué fue lo que motivó a la mayoría de los centenares de miles de personas que se movilizaron a las plazas del país el último 24 de marzo? ¿La memoria de lo que nunca más debe ser? ¿La esperanza de un futuro mejor? ¿Ambas cosas? 

Frente al negacionismo de los crímenes de la dictadura que declara impunemente el gobierno liberfacho de Milei, hay quienes deciden remarcar aún más los horrores que aquella cometió como antídoto al olvido. Frente a la institucionalización de la memoria, propia de los últimos gobiernos peronistas, que también promueve el olvido al despojar esta facultad de su carácter humano, hay quienes reivindican una memoria que se construya en las calles. 

La memoria es indefectiblemente personal. Recrea permanentemente una trama de vivencias directas e indirectas, elaborando texturas nuevas nutridas de todo aquello que se recibe de los demás, enriquecido –o empobrecido– por la propia impronta. Puede (y pudo) transformarse en un saber colectivo, pero sigue siempre viva porque es subjetiva. Entrelaza las primeras, segundas y terceras personas del singular y del plural. Es creativa y puede ser un poco tramposa, por eso es necesario compartirla, verificarla y dotarla de coordenadas. En primer lugar, valoriales. Porque la memoria es impulsada por la búsqueda de vivir mejor, pero no siempre ayuda a poner en el en el centro la vida y sus posibilidades. Si aprendemos a seguir una lógica que ponga en el centro la afirmación de la vida y el consecuente combate a quienes la niegan, es posible descubrir el bien de recordar el bien. Podemos reconocer el inmenso valor proyectual de recordar el coraje, la valentía, el altruismo y la solidaridad que fueron necesarios para mantener vivo durante cincuenta años un profundo rechazo a la represión de los milicos. Ese recorrido empezó con algunas y algunos de los protagonistas de la resistencia a la dictadura y su capacidad de denunciarla y de jugarse la vida para salvar a otros; en el apoyo que se supieron dar entre sí tantos secuestrados y secuestradas en los lugares de detención para no sucumbir al horror; en el coraje de quienes testimoniaron contra la Junta Militar, de quienes protegieron archivos y recopilaron información a escondidas, de las madres que denunciaron la desaparición de sus hijos e hijas a riesgo de correr la misma suerte que ellos; y en la tenacidad de quienes continuaron (y continuamos) esa trama revitalizando un tejido de afirmación de la vida, de revelación de la verdad y de búsqueda de justicia contra aquellos crímenes atroces. 

No alcanza con que la memoria se construya en las calles. Es imprescindible que sea recordatoria de las mejores capacidades humanas para que fortalezca perspectivas de vida benéfica, pacífica e inclusiva contra la opresión descontrolada en este derrumbe de Occidente. Se tiene que basar en la exploración y en la defensa afirmativa, positiva y activa de la dignidad humana para que sea fuente de una condena de fondo de los horrores inolvidables e imperdonables perpetrados por los milicos. 

La memoria se enciende a partir de la lectura del presente y de la mirada hacia el futuro. El presente está signado por el belicismo y la violencia, que en este país se expresan en un gobierno liberticida, hambreador y ultra sometido al imperialismo decadente yanqui. Pero en este presente, a su vez, no dejan de evidenciarse recursos humanos fundamentales: como cuando las mujeres salen de la rutina y se encuentran para enfrentar la violencia patriarcal (como sucedió el último 9 de marzo) o cuando centenares de miles expresan un sólido sentido de unidad en defensa de la vida contra la justificación de la tortura y la muerte (como sucedió el último 24). Un presente que se nutre de la esperanza y que puede vivirse de manera comprometida si se empiezan a diseñar perspectivas de un futuro alternativo y mejor. Es lo que buscamos las compañeras y los compañeros de Comuna Socialista. Por ejemplo, construyendo ámbitos de resistencia y libertad con los jóvenes que quieren levantar la vista de las pantallas, hacer valer su propia conciencia y rechazar la sumisión alienante a la tecnología que entrena para las guerras y la indiferencia; es lo que intentamos dando vida a una organización centrada en la comunión de ideas y valores a interpretar y vivir juntos.