Emboscada peronista

 


A.G.

Si hay algo que supo hacer el peronismo es cooptar y apropiarse de la iniciativa independiente que brota desde abajo. Lo reconocen sus mismos adeptos, aunque otorgándole a esta capacidad una valía positiva. Pero miremos a nuestro alrededor: ¿Qué fue de la “memoria estatal” sobre los crímenes de la dictadura? Se descolgaron cuadros, se abrieron museos y en las escuelas se instruyó el relato peronista sobre la dictadura. Un relato que ocultaba deliberadamente las responsabilidades del propio peronismo sobre la masacre con la fundación de la Triple A, y que también negaba la diversa y contradictoria radicalidad que animaba a amplios sectores de vanguardia contra los que se alzó la dictadura militar para aniquilarlos y disciplinar a toda la sociedad. El kirchnerisrmo llegó y desplegó sus millonarias inversiones, poniendo a sus agentes políticos al frente de cada ex-centro de detenidos recuperado por sus vecinos; desacreditó las organizaciones de base que habían sido indispensables para que la memoria se haga agente y capilar; se hizo tutor de los principales organismos de derechos humanos y los transformó –salvo valientes excepciones– en portavoces de sus gobiernos. Así, la otrora madre emblema Hebe de Bonafini se negó a reconocer la responsabilidad de Néstor Kirchner en la segunda desaparición de Julio López; fueron silenciados los casos de gatillo fácil de la policía bonaerense del “compañero” Scioli, mientras que el militar César Milani, acusado por crímenes de lesa humanidad, asumía como jefe del ejército con el beneplácito de Estela de Carlotto. Semejantes posturas ultrajan la vida y la memoria de miles de personas comprometidas en el peronismo de base que fueron asesinadas o desaparecidas por la dictadura. 

Pero entonces... ¿los juicios? Aclaremos: la realización de los necesarios juicios a centenares de militares y sus condenas fueron mérito, en primer lugar, del compromiso paciente y tenaz de infinidad de personas que durante años encontraron y custodiaron las pruebas, y de la valentía de quienes declararon. Sin embargo, el gobierno de entonces también osó adjudicarse esa extraordinaria movilización de fuerzas humanas. Tamaño atropello no hizo más que aplastar el protagonismo directo, expropiar sus capacidades a quienes fueron los/as verdaderos/as artífices de la memoria colectiva antirrepresiva y condicionarlos en las grandes y pequeñas decisiones sobre el camino y destino de su compromiso. Fueron pocas las voces valientes que se sustrajeron de los cantos de sirena peronistas. Los costos de aquella emboscada los pagamos todos, porque esta facilitó las condiciones para el crecimiento de los discursos negacionistas.