¿Por qué "liberfachos"?

 



Mario Larroca

No vivimos bajo un régimen fascista. Tampoco se ha instalado, al menos por ahora, uno cívico militar, como opinan algunos compañeros de izquierda, más allá de que la designación del jefe del Ejército Carlos Presti al frente del Ministerio de Defensa, constituya un rasgo inequívoco de la vocación militarista y represiva del gobierno. En cualquier caso, no habría sido posible que millones de personas se movilizaran como nunca antes en todo el país el último 24 de marzo sin un solo incidente ni un solo policía a la vista. 

Esto no significa que desdeñemos la peligrosidad latente de estos machos energúmenos liberticidas –y mujeres cómplices– de LLA. Muy por el contrario, rechazamos la idea de otra buena parte de la izquierda que piensa que el de Milei es uno más entre tantos “gobiernos del ajuste neoliberal”. De hecho, venimos llamando a todas las corrientes de la izquierda a constituir un Frente Único en defensa de la vida y de las libertades democráticas. Defendemos las libertades democráticas conquistadas por nuestra gente o concedidas desde arriba bajo presión popular y no la democracia burguesa como tal. Poco y nada le debemos a las instituciones democráticas en la obtención de derechos y de un sentido de justicia en este país. En todo caso, sí ha habido algunos personajes específicos de la democracia burguesa que en momentos clave han expresado un sentido de dignidad y coraje frente al monstruo genocida, como el fiscal Strassera y otros y otras en el histórico juicio a las Juntas. 

El sistema de dominio democrático occidental, como proyecto civilizatorio surgido luego de la Segunda Guerra Mundial, ya no existe más. Solo tiene para ofrecer nuevos escenarios de guerra y destructividad desatados por los amos imperiales del mundo (en especial por Trump y Netanyahu), acompañados por sus vasallos rastreros como el estafador de la Casa Rosada. Además, ¿cómo podríamos defender un sistema moral y materialmente descompuesto que, habiendo prometido otrora erigirse como un “cerco sanitario”, hoy es la cuna y el ámbito en el que crecen las ultraderechas reaccionarias que reclaman para sí la libertad de oprimir, explotar y esclavizar a los últimos, de infectar con su belicismo la conciencia de la gente común e incluso de matar a todo el que no se le somete? 

La raíz de la expresión “liberfacho”, tal como la entendemos nosotros, contiene precisamente esta idea destructiva y negativa de la libertad. 

¿Por qué fachos? Agustín Laje se refiere a las Madres de Plaza de Mayo como esas “viejas de m… que criaron chicos para matar y cuando los mataron fueron a llorar (...) y les mataron a sus hijos con toda justicia”. Lilia Lemoine dice sobre los “vuelos de la muerte” que Argentina cuenta con los aviones suficientes para reeditar esa práctica criminal de la dictadura. El mismísimo Milei asoció la homosexualidad a la pedofilia y la inmigración, a una “invasión”. Además, para no perder ocasión de oficiar de mascota de un verdadero pedófilo y patriarca como Donald Trump, se permite negar la existencia de la violencia de género y la disparidad salarial entre hombres y mujeres. Es que estos “leones” rugen contra y apalean a los jubilados, a las personas con discapacidad, a los periodistas y demás personas comunes que, luchando por su dignidad, evidencian la inmoralidad y los oscuros negocios del que los hermanos presidenciales son en gran medida organizadores y beneficiarios. 

Hoy estos fascistoides enardecidos no están en condiciones de dirigir operaciones de exterminio colectivo. Pero esto no implica que, en sus delirios de omnipotencia versión sudamericana, las descarten como hipótesis. En buena medida, para eso agitan “la batalla cultural” (un concentrado de egoísmo, maldad y amenaza de muerte): para allanar el terreno al disciplinamiento social “por las buenas o por las malas”.