Ignacio Ríos
La actual guerra en Irán manifiesta la locura bélica de los poderes dominantes. Quizás Netanyahu tenga las cosas más claras (la construcción de la pesadilla del “Gran Israel” sobre los escombros de Palestina, Líbano y, si es necesario, de todo Medio Oriente), pero, por lo que respecta a la Casa Blanca, ni siquiera ellos mismos saben por qué la comenzaron. En su desconocimiento total de la población iraní –de más de noventa millones de personas y con raíces en la rica historia de la civilización persa–, Trump y Netanyahu se imaginaban que, al descabezar el régimen, se iba a producir una revolución pro-occidental que haría más segura la zona. A más de un mes, la guerra se está expandiendo a los demás países del Golfo, en Irán se afianza la línea más dura y el bloqueo del Estrecho de Ormuz está golpeando fuertemente la economía mundial. Todo esto está agrietando aún más la autoridad de Estados Unidos y mancillando la confianza de los países europeos, presuntos aliados que el mismo Trump se encargó de humillar en repetidas ocasiones. En este contexto, Putin mira complacido cómo sube el precio del petróleo para seguir combatiendo en Ucrania mientras que China puede seguir mostrando sus credenciales de potencia algo más responsable y racional.
En la actual fase de caos, seguramente se irán produciendo más y más guerras, irracionales, caprichosas y fuera de control. Los poderes dominantes, ante todo, el decadente imperialismo norteamericano de Trump, no solo no logran terminarlas, sino que, como muestra el caso de Irán, se les pueden ir de las manos en cuestión de días. Las poblaciones de la zona, y potencialmente del mundo entero, están expuestas a un enorme peligro, ya que, además, la proliferación de las acciones bélicas va acompañada de un reforzamiento de los aparatos represivos y de un recorte de las libertades. En el mundo diseñado por los opresores, no hay perspectivas ni horizontes creíbles de seguridad y bienestar para las personas comunes. Estas son las líneas de tendencia que connotan al Occidente que se cae a pedazos, cuya decadencia hunde raíces en su historia de dominación, hipocresía y falsedades.