Mariana Camps
En su reciente visita a Tel Aviv para participar de las ceremonias por el 78º aniversario de la fundación de Estado de Israel, Milei expresó todo su espíritu violento e intolerante, propio del nulo espesor humano y cultural que lo caracteriza. No podría haber sido de otro modo, teniendo en cuenta que viajó para expresar su genuflexión total a las pretensiones de Netanyahu (su “queridísimo amigo, Bibi”) de avanzar en su plan nazi-sionista del Gran Israel a costa del sometimiento/ aplastamiento/expulsión de las poblaciones de la región, en primer lugar de las/os palestinas/os.
En los actos en los que participó, además de manifestar que “con determinadas culturas no es posible convivir”, reivindicar al capitalismo como una “maquinaria divina del paraíso”, agredir violentamente al periodismo que osa criticarlo y declarar al régimen iraní “enemigo de Argentina” –al tiempo que reivindicó la creciente colonización de Cisjordania, las masacres en Gaza y los bombardeos en Irán y Líbano–, Milei se postuló como paladín de la “moral como política de Estado”. Todo un programa, si tenemos en cuenta que la política, en tanto aplicación de la idea de que el fin justifica los medios, es el reino del relativismo moral y que la razón primera y última del Estado es la guerra. Milei se propone como una suerte de cruzado portador de un bien absoluto e impuesto desde arriba a través de la espada. Expresa cabalmente una idea de bien solo ligada al enriquecimiento, las posesiones, los privilegios y al poder negativo que se ejerce en perjuicio de los demás. Con su ramplonería habitual, lo busca sin mediaciones, por eso se aferra a lo más decadente y, por lo tanto, violento del Occidente en ruinas.
Su actitud comporta riesgos serios. Tanto desde el punto de vista de una mayor exposición de la Argentina a las dinámicas bélicas y terroristas que agitan el mundo, como también porque contagia aun más de prepotencia y violencia a una sociedad local crecientemente disgregada y alienada.
Ahora Trump, que es fundamental para garantizar la estabilidad del gobierno liberfacho a través de su soporte financiero, estaría pensando en quitarle el apoyo al Reino Unido en su disputa con Argentina por la soberanía de Malvinas. Sería parte de su pelea con las potencias europeas por no haberlas arrastrado a la guerra contra Irán. Esperemos que, si esto sucede, el patrón de la Casa Blanca no logre envalentonar a su lacayo Milei hacia una nueva aventura bélica trágica e irresponsable en el Atlántico Sur.