Frente a la crueldad del gobierno, aprender a combinar distintas capacidades


 


Ana Gilly

El nuevo proyecto de ley del gobierno, llamado “Contra el fraude de las pensiones por invalidez”, parece una declaración de principios del tipo de sociedad que imaginan los liberfachos. En parte, su ilusión pesadillesca está en curso: vivimos en una sociedad estatal disgregada y moralmente degradada –gran parte de los individuos prestan más atención a sus celulares que a las personas– y en la cual va creciendo la intolerancia con respecto a quienes se considera diferentes. En este caldo de cultivo decadente y violento, quienes más sufren son aquellos que más ayuda precisan de otras personas. Es el caso de las/os niños/as y de los/as adultos/as que tienen algún tipo de discapacidad. Aquel proyecto cruel se basa en y fomenta una dinámica deshumanizante de ellas/os y del resto de las personas porque la indiferencia envilece la sensibilidad de todas/os. 

Es necesario reaccionar, y esto significa en primer lugar unirse y enfrentar al gobierno para que se cumpla la ley de emergencia vigente, como están haciendo tantas personas afectadas directamente, sus madres y seres queridos junto a trabajadores de la salud. Para fortalecer esto, es importante rehabilitar un sentido de humanidad, defenderlo, hacerlo prevalecer y profundizarlo. 

Somos una humanidad común y diferente. Todas/os contamos con habilidades que nos hacen similares y, también, con aquellas que nos distinguen entre los demás. Entonces, hablamos de habilidades por descubrir y valorar en cada una de las personas, siempre en relación con los demás. 

Partiendo de ello, podemos aprender a combinarlas, compartirlas y, juntos, compensar las diversas carencias de todas y todos. Es desde este lugar que comprendemos que, entre todas/os nosotras y nosotros, algunas personas cuentan con rasgos particularmente acentuados por cuestiones patológicas o inducidas. Debemos reconocer el protagonismo vital de estas personas, que merecen ser respetadas y valoradas en su plena integridad humana, de la que es necesario aprender. 

En la capacidad de ayudar y de recibir ayuda, de ejercitar la sensibilidad y de aprender a entrelazar distintas habilidades también radica la posibilidad de humanizarnos y así, combatir a quienes promueven la crueldad y la discriminación.