Malvinas: un debate que marcó nuestro recorrido


 


Entrevista a cargo de Mariana Camps

Entrevistamos a Piero Neri, inspirador de primera línea de la Corriente Humanista Socialista y fundador, en 1976, de la Lega Socialista Rivoluzionaria (LSR)¹. Piero, quien vivió y se comprometió varios años en Argentina, fue protagonista activo desde Europa para suscitar en aquel entonces la solidaridad contra la dictadura militar de Videla y compañía. También fue parte de los cruciales y ásperos debates con la dirección del Partido Socialista de los Trabajadores² sobre la guerra de Malvinas. En aquellas críticas que explica el entrevistado, nos reconocemos hoy plenamente las y los compañeros de CS. 

M.C.: ¿Cómo vivió la guerra de Malvinas la LSR, teniendo en cuenta la relación que había con el PST (Partido Socialista de los Trabajadores) argentino, en especial con Nahuel Moreno,[alias de Hugo Bressano, ndt] y la discusión que hubo? 

P.N.: La guerra fue, para nosotros, un motivo de gran preocupación por la población argentina y, al mismo tiempo, por nuestras/os compañeras/ os del PST. Como LSR vivíamos una fase de redefinición de nuestro propio trotskismo. Esto se manifestó, también, en la discusión con Hugo y con su corriente internacional sobre diversos temas respecto de los cuales teníamos diferencias, entre ellos el de la Guerra de Malvinas. De hecho, estábamos de acuerdo en la indispensable lucha contra el belicismo imperialista inglés, pero considerábamos que era un grave error renunciar –en nombre de una “prioridad antimperialista”– a la denuncia de Galtieri y sus intenciones. Para nosotros, esto significaba no tener un perfil independiente y era una grave concesión al nacionalismo y a las maniobras de la Junta. Definíamos esta posición como “campista” acrítica, es decir, como la ubicación en un campo –el antimperialista, en este caso muy contaminado– sin una distinción explícita y de principios. En todo esto veíamos también los efectos de cómo se interpretaba el ser trotskistas. Para nosotros, la contribución de Trotsky (y del marxismo revolucionario histórico en el cual, para nosotros, Rosa Luxemburg tenía un rol especial) debía ser interpretada y puesta a la obra creativamente en una época completamente distinta de aquella en la que había sido fundada la Cuarta Internacional. En los planteos de la corriente de Hugo, la LIT-CI [Liga Internacional de los Trabajadores-Cuarta Internacional, ndt], veíamos, por el contrario, un uso exagerado de la analogía histórica y de la cita formal del Trotsky que resultaba más cómodo: así se convertía la teoría en un dogma y no en una elaboración viva. Expusimos abiertamente y por escrito nuestras diferencias, pero en aquella fase de constitución de la LIT-CI no hubo disponibilidad para un debate real, lo cual nos impactó y afligió, ya que no solo habíamos valorado en el pasado la pasión teórica de Hugo, sino que también habíamos apreciado mucho el diálogo con él, sobre todo gracias a Dario Renzi, nuestro principal dirigente histórico y quien más había trabajado con él. Esta discrepancia, junto a otras como la de su concepción de la Internacional y las organizaciones o las lecciones de la revolución polaca, ocasionaron nuestra separación de la LIT-CI; sin embargo, Hugo mismo se esforzó para que eso no fuera un motivo de ‘‘excomunión’’ para nosotros. 

M.C.: ¿Qué te hace pensar que la izquierda trotskista no haya reconsiderado sus posiciones más de cuarenta años después? 

P.N.: Vuelvo por un momento a Hugo porque hay que preguntarse cuáles eran sus motivaciones más específicas de esa posición, considerando que el PST había combatido todos esos años en primera línea contra la dictadura. Dario me sugería que había en Hugo, también en este caso, un intento por adoptar una orientación política sobre todo dirigida –en un momento tan crucial– a impactar en sectores populares influenciados por el peronismo y profundamente nacionalistas. Un intento de “ligarse a las masas” y de aprovechar la “oportunidad” a través de una vía política que a menudo conduce a pésimos resultados. Con Hugo no tuvimos ocasión de volver a discutir sobre esto. Él mismo no tocó el tema cuando nos visitó en Italia en 1986, poco antes de morir. Hoy, al mirar todo esto desde la fundación del humanismo socialista y la superación del marxismo revolucionario, me parece aún más imperdonable y preocupante la actitud de las principales fuerzas trotskistas argentinas a las que te referís. Una vez más no han buscado aprender de su historia, quizás más dedicadas a acusarse recíprocamente de “traiciones” o a pelearse por las elecciones, que los apasionan tanto. Hoy, a causa de su dogmatismo cada vez más estéril y a la permanente falta de disponibilidad para ponerse en discusión de cara a un mundo que cambia vertiginosamente, esa lógica campista acrítica asumida durante la Guerra de Malvinas ha dado un salto ulterior. Ha desembocado en el apoyo a los terroristas reaccionarios y antisemitas de Hamas, considerados como la “resistencia” palestina o, en el mejor de los casos, en evitar denunciarlos como se merecen, como han señalado justamente en repetidas ocasiones en las páginas de Comuna Socialista.

¹Antecesora de La Comune (Italia), la principal organización de la Corriente Humanista Socialista de la que también es parte Comuna Socialista. 

²Organización trotskista argentina antecesora de Comuna Socialista, cuya tradición hemos superado identificándonos plenamente en el humanismo socialista.