Ignacio Ríos
Hace unos días, se dieron a conocer algunas encuestas de opinión que colocan bien arriba a Myriam Bregman en cuanto a políticos con imagen positiva. Pocas veces en este país una figura de la izquierda trotskista logró tanta difusión. ¿Pero el PTS y el FIT-U están aprovechando para fortalecer ideas verdaderamente de izquierda y alternativas al cuadro político decadente, lo que incluye a la oposición peronista?
En lo absoluto. Más bien están abandonando los mejores principios enseñados por Trotsky. Por ejemplo, el valor de un buen análisis de la situación, la clarificación para distinguir los peligros y las tareas principales, el ofrecimiento de un programa, el decir la verdad a las y los trabajadores y las poblaciones por más dura que esta sea.
Estamos en una fase de cambios abruptos y de avances imperialistas y belicistas. Estallan guerras por doquier y las castas dominantes amenazan con arrastrar a las poblaciones del mundo a un enloquecido caos bélico, cuando debieran ponerse a la orden del día el rechazo a las guerras y aquel “paz, pan y trabajo” que caracterizó el inicio de la revolución rusa. Los superempresarios de las big tech se alinean con la derecha mundial encabezada por Trump y se suman a sus ejércitos para espiar y hacer la guerra de manera aún más brutal, escribiendo un nuevo capítulo del maridaje entre capitalismo, militarismo y alienación, un tema que debería ser objeto de análisis profundo por parte de los descendientes del marxismo revolucionario. Apalancados por los discursos de la derecha, se extienden la explotación, el racismo y la violencia contra las mujeres. En Argentina, el peronismo y el liberalismo macrista están en crisis y tomó las riendas una derecha liberticida de ladrones impresentables que demoniza a la izquierda (porque, para Milei, los textos de Marx son “satánicos”) y reprime toda expresión y manifestación disonante. Esto podría llevar a plantear y discutir sobre unidad de acción y frente único entre la izquierda, sobre la crisis de la democracia, pero también sobre la necesidad de defender las libertades democráticas como ningún partido patronal lo podría hacer, sobre lo que en verdad es el peronismo… Una izquierda reconocida podría hacerse un festín con tantos elementos por clarificar, sostener y defender.
Sin embargo, tenemos una izquierda que solo marginalmente habla de cuestiones internacionales por no ser temas del interés del votante y que, cuando lo hace, toma posiciones campistas y no por la paz y por el rechazo a las guerras. Una que está obsesionada por aparecer por las redes sociales –que son el terreno del enemigo–, abonando al personalismo y la superficialidad y, por ende, volviendo superficiales a sus propios candidatos. Una que se somete a los dictados de la izquierda woke respecto de la cuestión de los géneros, a pesar de que esos delirios, fruto de las mentes afiebradas de sectores acomodados yanquis y funcionales a la derecha, se contradicen con sus postulados teóricos. Una que se conforma con etiquetar a Milei de “gatito mimoso”, que se cuida bien de no denunciar demasiado al peronismo y que no apuesta a la unidad de toda la izquierda contra la derecha.
En la senda del electoralismo y la desvalorización de las ideas de izquierda, Bregman, el PTS y el FIT-U pueden estar ganando cierta difusión pero al precio de emprender un camino de difícil retorno.