Voces por la paz



 

Camilo Sans

Varios Estados de Europa, como Alemania y Francia, están rearmándose y presionando a los jóvenes para que se enrolen en el servicio militar so pena de imponer la leva obligatoria si no logran alcanzar los objetivos de cantidad mínima de reservistas, mientras que en EEUU rige un sistema de registro automático de ciudadanos e inmigrantes hombres de 18 a 25 años que facilita al gobierno su convocatoria en caso de necesidad. Todo esto es parte de un clima bélico que se respira cotidianamente y que da cuenta de la gravedad de la situación. 

Sin embargo, diversas voces se alzan contra la guerra. Es el caso –excepcional– del mandatario español Pedro Sánchez, uno de los pocos que no permite el uso del territorio a los soldados norteamericanos y busca que la Unión Europea retire el apoyo a Israel y EEUU. También es el caso del Papa que, en continuidad con el compromiso pacifista de su predecesor, está confrontando abiertamente con Trump por sus inhumanas políticas antiinmigratorias y por las guerras que comanda. Recientemente, ha declarado que “Dios no bendice la guerra y el cristiano no está nunca del lado de quienes arrojan las bombas” y que “cada miembro de la comunidad internacional tiene la responsabilidad moral de frenar la tragedia de la guerra”, exhortando así a los gobernantes a frenar la guerra, pero también a la gente a tomar posición. 

Al mismo tiempo, pese a que actualmente no existe un movimiento propiamente pacifista como ha habido frente a la invasión a Irak en 2003, hay algunas expresiones antibelicistas significativas. En EEUU, el rechazo de la gente al ataque a Irán crece y la última movilización “No Kings Day” contra Trump fue masiva y tuvo réplicas en Europa; jóvenes de colegios secundarios se manifestaron en Alemania contra el posible retorno del servicio militar obligatorio; en Japón, la gente se moviliza contra el intento del gobierno de derogar el llamado “artículo pacifista” de 1947 que impide al país entrar en guerra; y veteranos de guerra ocuparon una oficina de la Cámara de Representantes en Washington en solidaridad con el pueblo iraní, exigiendo el fin de la guerra y llamando a los soldados a ejercer su derecho a la objeción de conciencia. A propósito de esto, otra expresión de las diversas formas que cobra el rechazo (o la reticencia) a la guerra es también el incremento del mil por ciento en las consultas al Centro de Conciencia y Guerra por parte de gente que pregunta cómo negarse a ir a combatir. 

Se trata de expresiones que ponen en evidencia la dificultad de los opresores para involucrar a las personas en sus empresas bélicas. Esto se explica por su carácter improvisado, mezquino, coyuntural e irracional pero, sobre todo, por el perenne anhelo de las mayorías de vivir en paz y, por lo tanto, de evitar la guerra.