Cumbre entre China y EEUU: pares impares

 



Facundo Esteban

La visita de Trump a China se saldó sin grandes anuncios ni acuerdos relevantes. El presidente norteamericano acudió a la cita en el peor momento de su gestión, si tomamos en cuenta el grave estancamiento en la guerra contra Irán –que había obligado a postergar esta visita–, la forzada marcha atrás en los aranceles comerciales, los malos pronósticos en las próximas elecciones legislativas y el aumento en el coste de vida en EEUU. Su actitud confrontativa y despreciativa mutó convenientemente en una búsqueda de apaciguamiento y acuerdos. Por su parte, China apuesta por la decadencia progresiva del rival y cosecha donde Washington destruye: desde los más enfervorizados aliados norteamericanos (Europa, Canadá, monarquías de Medio Oriente) hasta los rivales geopolíticos históricos de China (Rusia, India, Japón) abren la puerta a la diplomacia y al comercio con el gigante asiático. 

Frente a un régimen autoritario y pragmático, con visión estratégica de largo plazo, el gobierno de EEUU propone un nepotismo superficial y cortoplacista, representado por la corte de aduladores e ineptos que conforman el núcleo de poder de Trump. El proyecto orgánico de dominación chino, que cuenta con márgenes de acción y planes de contingencia, se enfrenta a una política decadente e impulsiva que sacrifica ventajas estratégicas e históricas en el altar del belicismo sin control y acuerdos (comerciales) de corto plazo. Desde el punto de vista geopolítico, la oferta de Trump de conformar un G-2 representa un reconocimiento del poder actual de China, además de una propuesta de conducir los destinos mundiales en la “mesa chica” mientras se negocian zonas de influencia imperiales. Esta idea es ciertamente diferente de la “estabilidad estratégica constructiva” propuesta por Xi Jinping, que resguarda cierto respeto hacia terceros países y las instituciones multilaterales. En este marco, resulta paradigmática la solapada e indispensable intervención diplomática china que posibilitó la mediación de Pakistán para la búsqueda de un alto al fuego en la guerra con Irán. 

Acompañaron al presidente norteamericano en su visita los más importantes tecnoempresarios y directores de emporios financieros mundiales con sede en EEUU. Sus empresas necesitan vender, comprar, fabricar, financiar y operar en el país asiático. Muchos de ellos han manifestado activamente sus simpatías autoritarias tecnocráticas y su desprecio por la democracia, mientras explotan las ventajas del sistema para engrosar su codicia infinita. Del otro lado de la mesa, flanqueaban a Xi su viceprimer ministro y “zar económico” y el veterano ministro de Exteriores: toda una muestra de la concentración de poder (personal y del Partido) en el manejo del Estado y las decisiones de gobierno. El espinoso equilibrio sobre la cuestión de Taiwán resulta quizás el mejor ejemplo de la interdependencia económica y diplomática entre ambas potencias. 

Se evidencia la incapacidad de los sectores de poder de EEUU para articular un plan coherente en esta etapa histórica. El desafío que representa el fin de su hegemonía mundial exhibe sus rasgos más belicistas y represivos, lo que acelera su decadencia. Las formas autoritarias, tanto dentro como fuera de los márgenes occidentales, se proponen como alternativas más seguras y estables para la gestión de la opresión.