Editorial: Defendamos las libertades democráticas y no sus instituciones opresivas. Por un frente único de la izquierda combativa
Comité de Redacción
Es fundamental avanzar hacia un frente único de la izquierda en defensa de la vida y de las libertades democráticas.
Para hacerle frente al gobierno liberticida, a la deriva fascistoide de las derechas en general y defender los derechos humanos.
Para ayudar a ubicarse de manera independiente del lado de las poblaciones que sufren las guerras contra los Estados criminales que las hacen.
Para defenderse de la represión en aumento; de la policía que invade los barrios y las movilizaciones, agrediendo e intimidando.
Para defender a las y los trabajadores de la degradación brutal de las condiciones laborales ante la mirada cómplice de las burocracias sindicales traidoras.
Para luchar junto a las mujeres contra la violencia machista y defender la libertad de decidir sobre sus cuerpos y sus vidas.
Para rechazar activamente el racismo y batallar para que se garantice la hospitalidad sin condiciones para nuestras hermanas y hermanos inmigrantes.
Para defender condiciones dignas de vida y el acceso de todas y todos a la educación y a la salud.
Para acompañar a la juventud en el descubrimiento de su propio protagonismo enfrentando la explotación, la represión y la alienación digital.
Para defender la libertad de elecciones afectivas y sexuales y hacer frente a las discriminaciones de cualquier tipo.
Para dar batallas ideales y prácticas. Están prevaleciendo lógicas egoístas e individualistas que atacan de cuajo los valores en los que, alguna vez, se referenció la izquierda, como la solidaridad y la generosidad, el compañerismo y la ayuda mutua.
Hoy es más necesario que nunca que la izquierda más auténtica se una en la perspectiva de un verdadero frente único que sea una referencia en las calles y en la vida cotidiana; en los ámbitos laborales, de estudio y en los barrios. Es necesario revitalizar el ser de izquierda; ensayar una senda bien alternativa a la obsesión que está demostrando el FIT-U por la performance electoral, las encuestas de imagen, y repudiar los coqueteos con el peronismo, el más engañoso fenómeno reaccionario argentino. Lamentablemente, desde hace años la izquierda mayoritaria se une solo para juntar votos y está dividida en todas las cuestiones más importantes. ¿Qué tiene que ver el leninismo y el trotskismo que alguna vez reivindicaron con esta inmersión total y casi absoluta en las contiendas electorales? ¡Nada! Pongamos en el centro lo que vale más la pena para los voluntariosos y la gente de izquierda. Aquello que todavía podemos aprender de Lenin, que no dejaba de repensar y de interrogarse; de Trotsky y su dedicación casi permanente a los más postergados y, sobre todo, de Rosa Luxemburg, esa combatiente gentil que reiteraba como ningún otro que “lo importante es ser buenos”. Busquemos ser un punto de referencia verdaderamente combativo frente a este gobierno liberticida y no embarrarnos en su mismo terreno. Las castas dominantes están dejando a este país en una debacle general sin precedentes: económica, social, moral, cultural, educativa, de salud… Una decadencia ruinosa que está arrastrando y contagiando a amplios sectores sociales pero que, al mismo tiempo, pone sobre la mesa las exigencias de una vida mejor de cientos de miles de personas que quieren reaccionar (no solo ni principalmente votar) y rescatarse ayudando a otras y otros. Es necesario estar a la altura de esta exigencia.
Creemos que hay una izquierda más auténtica –pequeños grupos tal vez– en la que asoman interrogantes más fecundos; que identifica tanto la gravedad del aumento del belicismo a escala mundial como el salto cualitativo reaccionario que representa el gobierno de los hermanos Milei, Bullrich y la banda de facinerosos fascistoides que los acompañan. Una izquierda que quiere estar siempre junto a las y los oprimidos sin perderse en la peligrosa deriva que absolutiza la vía electoral. Un mal camino, este último, que lleva a privilegiar el propio poder institucionalizado en detrimento de las y los últimos; que lleva necesariamente a alejarse de las calles y de lo que real y profundamente pasa en la vida de nuestra gente. Hay que estar más activos en la defensa de las libertades y espacios democráticos y menos obsesionados con participar de las instituciones democráticas de los opresores.
A los grupos y organizaciones de la izquierda más auténtica, esos que defienden su ser revolucionarios, les proponemos encontrarnos y debatir. Los cambios a nivel internacional y local nos exigen a las izquierdas vivir una transformación; reforzarnos, ideal, teórica, humana y prácticamente. Algo que requiere de la más amplia disponibilidad para discutir y unirse sobre cuestiones de fondo.
Nosotras y nosotros, de Comuna Socialista, queremos desafiarnos para llevarlo adelante. Inspirados en el humanismo socialista estamos comprometidos cotidianamente en construir comuniones centradas en valores para cambiar la vida de conjunto, emprendiendo un camino de humanización desde ahora. Esto, aun con nuestras profundas diferencias, alimenta nuestra convicción de unirnos con las izquierdas más auténticas y así ser más fuertes para ponerle freno a la deshumanización creciente y allanar el camino a las personas que quieran emerger y empezar a rescatarse de las ruinas del mundo de los opresores.