¿Ideas de izquierda?




Ana Gilly 

El mundo está cambiando y esto debería poner a prueba a las personas y organizaciones de izquierda. Está cambiando la naturaleza del dominio opresivo, volviéndose más guerrero, explotador y autoritario. Se derrumba el orden sistémico nacido de la Segunda Guerra Mundial, implosiona la democracia imperialista norteamericana mientras empieza guerras que no sabe cómo terminar. 

Las mayorías populares también están cambiando por las exigencias que expresan, por los males que sufren y por la manera creativa, renovada e impredecible que tienen sus minorías más reactivas y voluntariosas para afirmar y defender la vida. 

Nosotras/os nos sentimos interpeladas/os humana, programática, ideal y culturalmente. El contexto nos exige cambiar y ser mejores. Esta es una característica originaria de nuestra corriente internacional, que siempre tuvo una relación creativa con la teoría porque si se busca la liberación, hay que poner las ideas a prueba en la vida. Pero no es así para la mayoría de la izquierda trotskista, que es cada vez menos revolucionaria. 

El problema principal de esta corriente histórica radica en el vacío teórico que sufre. Hubo un tiempo en el que ser de izquierda –a diferencia de las corrientes peronistas u otros compromisos de tipo solidario– significaba, por ejemplo, ofrecer una mirada alternativa y de largo alcance del mundo en que vivimos. Hoy, salvo honrosas excepciones, renunciaron a esta perspectiva. Es así como los partidos del FIT-U constatan la carrera armamentística de los Estados, pero se adaptan sin vergüenza a esta situación, limitándose a elegir entre un bando u otro de las contiendas bélicas en curso. Con este análisis obediente y amansado de las dinámicas mundiales, tampoco entienden el contexto nacional, no caracterizan con justeza quién es Milei en este cuadro e ignoran su peligrosidad. Por eso, se niegan a unirse en un Frente Único contra el gobierno para defender la vida y las libertades democráticas, y solo apuestan a una (cada vez más) frágil e insuficiente unidad electoral. 

Aquel vacío teórico provoca capitulaciones gravísimas. Por ejemplo, en nombre de la imprescindible solidaridad con el pueblo palestino, apoyan a Hamas. Es tal la renuncia a su independencia que todavía hoy, sabiendo que los terroristas de Hamas son la policía del nazi-sionismo y de EEUU en la Franja de Gaza, no se retractan de sus posiciones. ¿Cuándo lo van a decir? El derrape de principios no tiene fin. Ahora, en la guerra en Irán, algunas formaciones de izquierda eligen callar sobre los crímenes de los ayatolás para no “hacerle el juego” al imperialismo norteamericano. 

Hubo un tiempo en que ser de izquierda también significaba defender un enfoque materialista (a niveles dogmáticos) de las relaciones sociales y de las posibilidades revolucionarias. Pero ya no. Ahora defienden la “auto-percepción” de género y la “fluidez” de las identidades que podrían definirse abstraídas de las condiciones materiales, sociales e históricas concretas. Enorme favor le hacen al patriarcado, negando la existencia de las mujeres y, por ende, la de toda la humanidad. 

Alguna vez ser de izquierda significó denunciar y batallar contra la alienación. Sin embargo, se rindieron frente a los millonarios de Silicon Valley. La totalidad de la izquierda –en esto aún no hemos encontrado aliados– son servidores voluntarios de las pesadillas robóticas de la tecno-casta y de la alienación digital que promueven. ¿Exageramos? Por ejemplo, solo quedan tres prensas periódicas impresas, la nuestra es una de ellas. Las demás desaparecieron, fueron reemplazadas por portales web, por declaraciones en la red X o incluso por un chatbot que responde preguntas sobre el socialismo (¡ay, ay, ay!). Y, a propósito de socialismo, creemos que sería más sano para todas y todos que el PTS admita lo evidente: abandonaron la perspectiva revolucionaria porque confían plenamente en que el camino al socialismo puede ser mediante la vía parlamentaria. Así podremos abrir un debate franco y sincero con ellos sobre los limitados alcances de la socialdemocracia. 

Nos sentimos parte constitutiva de la crisis de las izquierdas hoy, por ello queremos discutir de todo esto con humildad y determinación yendo al encuentro de personas y grupos de izquierda que sientan la exigencia de rescatarse –como lo estamos intentando nosotros–, de pensar, de intercambiar ideas y actuar mejor.