Fabio Beltrame
En Israel, donde el trauma colectivo del 7 de octubre es blandido en cada momento como un arma para negar al otro –es decir, a los palestinos– está en curso un enfrentamiento entre dos visiones opuestas de la existencia y del futuro: por una parte, el gobierno de Netanyahu y una porción consistente de la sociedad militarizada sostienen la lógica bélica, el nacionalismo, la exclusión, el odio y el racismo; por otra, una minoría valiente se juega, en cambio, por la construcción de un simple pero pujante “nosotros” inclusivo, fundado en el reconocimiento de la común humanidad. Mientras la propaganda gubernamental busca obstaculizar toda empatía con las víctimas, deshumanizando a los palestinos y a los así llamados “otros” en el Líbano, señalados como enemigos y “sedientos de sangre judía”, existe quien ha elegido el reconocimiento de la humanidad de los otros como único modo de no perder la propia integridad humana y moral. En 2024, en Tel Aviv, centenares de judíos y árabes israelíes –quizá más de mil– se reunieron en una numerosa asamblea pública para ponerle un rostro a quienes, en Gaza y en Cisjordania, eran solo un objetivo anónimo, respondiendo así a la lógica de la “victoria total” propagada por Netanyahu y ampliamente apoyada. Esa sacudida moral siguió siendo alimentada por asociaciones como Standing Together, que une ciudadanos árabes y judíos, Combatants for Peace, formada por ex combatientes que han elegido la no-violencia, y Parents Circle, en que el luto compartido entre familias israelíes y palestinas se convierte en un puente de diálogo en vez de un pretexto para la venganza. Tal recorrido encontró testimonios como el de Maoz Inon quien, aunque perdió a sus padres por la violencia antisemita de Hamas, se niega a encerrarse en la “habitación sin ventanas” de la venganza como, en cambio, han hecho muchos otros familiares de las víctimas. En este mayo de 2026, el surco creado por “It’s time”, como se llamó la asamblea de 2024, se concretó de nuevo en la “People’s Peace Summit” de Tel Aviv. Numerosas organizaciones como B’Tselem, Breaking the Silence, Rabbis for Human Rights y Women of the Sun han reafirmado que la pacificación es posible solo eliminando todo esquematismo político y bélico y reconociendo la humanidad del otro, o sea conjugando en un “nosotros” humano e inclusivo todos aquellos que viven en Israel y Palestina. En un tiempo de odio y belicismo difundidos, esta iniciativa –como muchas otras– es definida como una “traición” por Netanyahu y los partidarios de la guerra y de la ocupación, y ridiculizada por quien considera a estos valientes activistas como expresiones marginales de una utopía irrealizable. Pero es justamente en estas manifestaciones donde reside la esperanza de salvación y de salvaguarda de ese destello de humanidad que está en peligro de ser ahogado por la lógica del odio y de la venganza.
Publicado originalmente en La Comune (Italia) n. 489