¿La ciudad más linda del mundo?


 

Julia Rohatsch

En las calles de la ciudad de Buenos Aires aparecieron carteles del gobierno porteño que publicitan algunos de los resultados de la gestión de Jorge Macri, por supuesto, según su mirada reaccionaria. Simulan el estilo de las publicidades que venden tratamientos estéticos: dos fotos de alguna calle o esquina, una de “antes” y otra de “ahora” y la leyenda “una ciudad sin piquetes es una ciudad con ley y orden” o “una ciudad sin manteros es una ciudad con ley y orden”. Un par de años atrás usó la misma estrategia de comunicación para mostrar cómo estaba limpiando la ciudad: una foto con personas durmiendo en la calle y otra sin ellas. Está claro que considera basura a las personas sin techo, es decir, a los más excluidos por culpa de la opresión que él representa en su versión más descarnada. 

Del mensaje queda clara una cosa: en la ciudad de Macri ya no hay espacio para las personas que más necesitan ayuda y comprensión. Busca una ciudad para la “gente de bien” que repudie a los más necesitados. No apta para las personas en situación de calle, ni para el mantero, ni para el que corta la calle para defender sus derechos. En fin, una ciudad excluyente y sin solidaridad. ¿Esa es la ciudad más linda del mundo? 

En síntesis, no solo el proyecto de ciudad del actual jefe de gobierno está hecho de “tormentas negras” de desprecio contra los más humildes, sino que además los habitantes de Buenos Aires deberíamos alentar, festejar y admirar la represión, el racismo y la exclusión permanente.