Los que aún pueden unir

 


Griselda López

“Todos, todos, todos”. Ese fue el lema que, en abril, convocó al homenaje al papa Francisco en Plaza de Mayo al cumplirse un año de su fallecimiento. El evento, lejos de toda solemnidad, se centró en la combinación que Guilherme Peixoto, cura y DJ católico de fama mundial, hizo entre música electrónica y mensajes espirituales. Y la concurrencia, masiva, que desbordó los confines de la plaza, pareció responder bien al lema. Personas de distintas edades, distintos barrios y diverso grado de acercamiento al catolicismo confluyeron con quienes solo buscaban la diversión de una iniciativa gratuita o el disfrute de un set electrónico especial. En cualquier caso, se trataba del sabor de un encuentro pacífico entre personas reales, en un espacio real. 

Congregarse no para exaltar a un deportista en competencia internacional, sino para celebrar a un líder que buscó difundir un mensaje de unión entre las personas, transgrediendo incluso las fronteras de una religión. Y pareció que en esto se referenciaron los miles que se convocaron en la plaza. La expansión de ese mensaje es también lo que buscó Peixoto cuando, en 2006, encontró en la música electrónica una forma de acercar a los jóvenes a la vida parroquial. 

Los líderes religiosos, aun siendo representantes de una institución profundamente opresiva, parecen entender el momento histórico de descomposición social y derrumbe de Occidente. En abril, el papa León XIV consideró un “deber moral” criticar la guerra contra Irán. En los últimos días, el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, se refirió al operativo “Tormenta Negra” que el gobierno porteño desplegó en quince barrios populares. A su juicio, la verdadera tormenta negra la viven los habitantes de estos barrios que lidian a diario con el narcotráfico y la falta de trabajo y de posibilidades para los más jóvenes. Mientras la política divide y reprime, jactándose por enésima vez de su violencia constitutiva, los líderes religiosos propugnan la unión y una búsqueda colectiva del bien; leen acertadamente un contexto que les exige reafirmar su opción por los últimos. Un llamado que encuentra eco en miles de personas sensibles que intuyen que una vida mejor solo se concreta junto a los otros.