Ignacio Ríos
La situación en Cuba sigue siendo dramática y, según los testimonios de las y los cubanos de a pie, la vida se está volviendo insoportable. En La Habana se registran cortes de energía eléctrica de 22 horas diarias y hasta de dos días seguidos en el interior del país. El bloqueo energético es un arma utilizada por Trump contra la población cubana antes que contra la casta gobernante. De esta forma la Casa Blanca pone en riesgo la integridad de millones de personas con tal de avanzar casilleros en el intento de recuperar posiciones en el “hemisferio”.
El repudio a este inhumano bloqueo tiene que ir de la mano de la denuncia del régimen cubano. La población ya era víctima de apagones constantes, del deterioro del transporte público, de la falta de medicamentos, de la inflación y de la caída de los salarios reales. Ya hace rato la dictadura castrista era incapaz de garantizar condiciones mínimas ante la falta de las ayudas venezolanas y la caída del turismo. Eso sí: cuando tocó organizar una movilización en apoyo a Raúl Castro por las imputaciones judiciales en su contra, ahí sí aparecieron largas filas de micros con sus tanques llenos para transportar a los miles de trabajadores obligados a concurrir so pena de ser despedidos.
Buena parte de las fuerzas de izquierda y populares latinoamericanas (y no solamente) continúan apoyando sin reparos a Cuba. Otro sector, aun criticando a la burocracia gobernante, insiste con que la isla es un símbolo de dignidad anticapitalista y por eso tiende a poner en segundo plano la acusación a Díaz-Canel, Raúl y compañía. Es una postura equivocada, además porque imposibilita la justa valoración de la revolución de 1959, ya de por sí muy débil en contenidos socialistas y totalmente impregnada de lógicas político-militares. Para solidarizarse efectivamente con la población cubana es necesario decir la verdad, porque la misma se encuentra atenazada tanto por el sangriento imperialismo yanqui como por esa casta militar dirigente con cuentas bancarias en el exterior y que coarta las libertades más elementales de su propio pueblo.