Sed de cultura en la Franja de Gaza


 


Giovanni Marino

Seis mil volúmenes: cursos universitarios, cuentos, libros de historia, novelas. Arrancados al polvo, recuperados en la excavación entre los escombros de las casas y de los centros culturales destruidos –como los hospitales, las calles y las alcantarillas–, trece veces arrastrados a lo largo de la Franja de Gaza para escapar de los bombardeos; libros recompuestos obstinadamente y hoy de nuevo consultados, hojeados, pasados de mano en mano. Gracias a la tenacidad y a la previsión de algunos y a la sed de cultura de muchos, abre en el corazón de Gaza la biblioteca Al Ankaa (“El ave fénix”). No es el único emprendimiento de este tipo: recordemos el puesto “Lee tu libro” en el campo de refugiados de Nuseirat o las increíbles ediciones en fascículos milagrosamente impresos en una carpa de Khan Yunis. 

En Gaza, los bombardeos israelíes destruyeron un centenar de bibliotecas y archivos públicos y privados, pero donde la furia asesina querría que todo terminase la vida resurge; es más, continúa y recomienza cada día, con cada página. 

Gracias a Omar y Hussam Hamad, Ibrahim al Masri, Salah e Abdullah Sarsour, Ramadan Elnajeli y a muchos otros de quienes no conocemos el nombre y la historia: héroes de una resistencia humana desde las raíces profundas.